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La tierra de Maliayo, fértil en extremo, con estuarios adecuados para el refugio y altas rasas aptas para el dominio del territorio, estaba poblada al menos desde el Epipaleolítico, en su etapa Asturiense, hace 9.500/6.000 años y probablemente mucho antes.
ica del concejo de Villaviciosa (1989), cada vez se adivina más claramente una coherente cultura castreña, cuyos hitos son, por ahora, varios poblamientos repartidos estratégicamente por el territorio tomando como eje la ría, más la costa-rasa occidental.
Cuando el rey Sabio organiza el territorio de Maliayo y funda su puebla, una activa presencia de los monjes de Císter en el más íntimo repliegue del valle, en Boides —que adoptará el nombre místico de Valle-de-Dios (27 de noviembre de 1200)—, ha constituido un señorío jurisdiccional sobre un coto de 296 hectáreas y ha ejercido una importante labor ordenadora y civilizadora.
Juan J. Pedrayes ha sistematizado la historia de Villaviciosa desde la óptica de la evolución de su trama urbana. La crisis de la pola medieval viene dada por la incapacidad de hacer frente a la inseguridad derivada de las luchas intestinas; aparecen entonces las casas-torre, las rurales, las intramuros y las aledañas a la villa. Principales dueños: Hevia, Busto, Balbín, Valdés, Solares, Peón. A mediados del siglo XVII se inicia una profunda transformación: aparece la villa o ciudad hidalga con sus palacios y plazuelas de respeto. De esa época conserva hoy Villaviciosa su más noble paisaje urbano. Un personaje que tiene importancia decisiva en este momento es Pedro Peón, duque de Estrada (1683-1750), poderoso mayorazgo de Peón, intelectual relacionado con los más solventes círculos ilustrados, para destacar su decisiva influencia en la configuración urbana de la Villaviciosa hidalga.
igurar la facies urbana y sin duda la sicología colectiva de la villa y su concejo. Los franciscanos fundan un convento de predicadores de misiones populares cuya área de influencia se señala en la Asturias centro-oriental, «más de seiscientas pilas bautismales», a cuyos feligreses debían llevar las enseñanzas derivadas del concilio de Trento. Un primer convento se edifica entre 1694 y 1699 en La Vallera, sustituido en 1743-1772 por otro edificio de gran capacidad cuya iglesia conventual es hoy el templo parroquial de la villa. De aquel convento salieron también algunos misioneros para las Indias. A la sombra de predicadores seráficos creció un monasterio de monjas clarisas que ha llegado a celebrar su tercer centenario en 1994.
cos con minoritaria presencia de reformistas y casi nula de republicanos. Con posterioridad a la Revolución de Octubre se quitó el nombre de Indalecio Prieto a la calle del Agua, que le había sido puesto en 1931 por ser el ministro socialista hijo de la maliayesa Constancia Tuero.